CCo

Todo el material contenido en Revista El Árbol está publicado bajo Licencia Creative Commons 3.0(Atribución; No comercial; Sin derivadas), excepto en los casos en que se indique otra información.

Creative Commons License

SEBASTIÁN GÓMEZ

Psique está extendida en su ataúd…

Una reflexión sobre el cuerpo y la muerte en los medios actuales

Resumen: Se plantea, en primer lugar, un marco teórico como un fundamento para comprender el desmedro que ha tenido el cuerpo en Occidente, representado en la supremacía del alma que lo abandona a su suerte cuando llega la muerte. En una segunda instancia, se pasará a aplicar el léxico propuesto a un caso emblemático del 2011: El accidente en la isla Juan Fernández. En él, la desesperación por encontrar los cuerpos desaparecidos en el mar se torna frenética, en cuanto el planteamiento mediático presenta al cuerpo como evidencia de la muerte. ¿Es el cuerpo un ente viviente en los medios que desmaterializan en lo virtual al mundo o únicamente es la muerte la que puede materializar al cuerpo en el mundo virtual? ¿Cómo han afectado los medios la relación de Occidente con sus cadáveres? Una reflexión sobre estas preguntas llevará a conclusiones aún más irresolubles, pero que darán un paso hacia adelante en el cuestionamiento crítico de un entorno que parece estar en la encrucijada entre olvidarse completamente de su cuerpo o llevarlo consigo a la mediatización.

Abstract: Firstly, a theoretical framework is stated as a ground for understanding the rejection of the body in the Western world, as mainly seen in the supremacy of the soul over the body, when it is left behind at the moment of death. Secondly, the proposed framework will be applied to an emblematic case that happened in Chile during 2011 – the accident in Juan Fernández Island. In that situation, the desperation to find the missing bodies in the sea turned out to be frantic, as is media coverage in depicting the body as the ultimate evidence of death. Is the body a living entity in the media that dematerializes the world into the virtual? Or is it only death who can materialize the body in the virtual world? How have the media affected the Western world’s relationship with its dead bodies? A reflection on these questions will lead us to even more challenging conclusions which will, however, help us to take a step forward in the critical questioning of a cultural context which seems to be at the crossroads of completely forget about its body or bring it along into mediatization.

Palabras clave: Nuevos medios – muerte – cuerpo – televisión – filosofía

Keywords: New media – death – body – television – philosophy

permalink: http://www.elarbol.cl/006/a=10.html

Bajar este artículo completo en *.pdf
contacto: seb.gomez.u@gmail.com

Psique está extendida en su ataúd…

Una reflexión sobre el cuerpo y la muerte en los medios actuales
SEBASTIÁN GÓMEZ
seb.gomez.u@gmail.com
I.-


Ilustración 1



 


Psyche is outstretched in the shade of a walnut tree, as evening falls. She is resting; the slight movements of sleep have partly uncovered her chest. Eros contemplates her, with both emotion and malice. Psyche knows nothing of this. Her sleep is so deep that it has taken from her even the abandon of her pose.




Ilustración 2






Psyche is outstretched in her coffin. Soon it will be closed. Among those present, some hide their faces, others keep their eyes desperately fixed on Psyche’s body. She knows nothing of this –and that is what everyone around her knows, with such exact and cruel knowledge” (Nancy, The birth to presence 393).


Como la virgen muerta pintada sobre el lienzo de Caravaggio, Psique yace dormida en su lecho de muerte mientras los observadores posan su mirada sobre su cuerpo. ¿Dormida o muerta? Para ellos es lo mismo, solo esperan el momento para cerrar el ataúd. Eros es el primero en clavarle su mirada, el primero en tratar de tocarla, de besarla. Pero, Derrida se pregunta en su libro dedicado a Nancy: “can eyes manage to touch, first of all, to press together like lips?” (On touching 2). Tal vez, cuando los ojos chocan y nuestra imagen se refleja en la pupila del otro, rodeando un agujero negro sin fondo que no revela nada más que su exterioridad, cuando los ojos semiran –miran al otro, se miran en el reflejo– la noche y el día se esfuman –“quand nos yeux se touchent, fait-il jour ou fait-il nuit?” (Derrida, On touching 2)– y de esta forma, la muerte se va con ellas, así como también la vida. La muerte y la vida se han ido de Psique, pues ella no las reconoce. Las pupilas de Eros, sin embargo, no logran atravesar los párpados absolutamente sellados de Psique, quien duerme para no despertar. Eros intenta con la mirada sentir y darle sentido a Psique, pero para los espectadores lo que yace ahí es una muerta que espera para ser alejada de la vista de cualquiera, ser encerrada en su ataúd. Entre Psique y los que la observan hay una incomprensión inconmensurable, Psique no sabe lo que es saber, sus espectadores saben exacta y cruelmente, ellos conocen la muerte y le temen, ellos no son capaces de permitirse ver un cuerpo desencarnado, sin sentido, extenso. Recordemos que nuestro vocablo ‘cuerpo’ solo aparece como objeto; primero como posesión: “Micuerpo está enfermo”, luego como Muerte: “Hay un cuerpo flotando en las aguas” o en el caso que veremos a continuación, perdidos en ellas. El cuerpo se hace presente cuando desencaja la armonía del alma y le hace padecer la existencia, o la expulsa de ella. Por eso, los observadores de Psique cuando ven un cuerpo siempre están de luto. Cuando Psique se hace extensa solo queda la Muerte.

El beso y la risa nos dejan sin aliento, nos disparan a estrellarnos contra el límite de la existencia, nos parten en mil pedazos. Mas sobre todo, nos muestran el rostro frío y cadavérico de la muerte, haciéndonos a la vez sentir más vivos que nunca. “Alguien murió por un beso” dice una canción, y también hay los que han muerto de risa, a los que el alientolos ha dejado. Y es que eso es ex-istir, estar expuestos al límite constantemente, sin poder dar un paso hacia ninguno de los lados. Y, sin embargo, la muerte es entendida como un pasar al otro lado. La Muerte, una personificación, una sustanciación. Una esencia mortífera vestida con un capuchón negro y una guadaña, que viene a buscar al alma encerrada dentro del cuerpo de una persona. El cuerpo no ha sido más que una encarnación del alma, el cuerpo no ha sido más que un bombón relleno de algo que el propio cuerpo significa, a lo que este remite. Tal tradición se ha mantenido a lo largo de toda expresión discursiva del Occidente metafísico. El cuerpo nunca es tomado por lo que es sino por lo que representa, incluso cuando se le trata como cuerpo, se le representa como otrocuerpo. Cuerpo como representación del sentido. Cuerpo continente de un alma, continente de psique.

La encarnación es el mito originario de Occidente, el alma encerrada por un cuerpo. Jesús hecho cuerpo, hecho sentimiento, hecho rabia y sangre. Pero ser cuerpo es padecer la existencia, es estar expuestos a la muerte. Ser cuerpo es sangrar. La sangre es donde chapotea nuestra sociedad, todo siempre será sangre. El más grande cine gore siempre será una película de semana santa. Corderos sacrificados, niños sacrificados, Cristo llorando sangre, estatuas de vírgenes llorando sangre, la herida de lanza, la corona de espinas, la crucifixión. Fetichismo por la sangre: incluso se bebe cada domingo. No debe ser coincidencia que sangre y sentido suenen tan parecido en francés que haya llamado tanto la atención de Nancy. El alma es el sentido del cuerpo significado, nutrido por la sangre que lo circula. Un cuerpo sin sangre no tiene alma, el instinto vampírico por chupar la sangre no es otra cosa que darle sentido a la vida recobrando la gracia divina que le ha sido negada a los que habitan las tinieblas, aquellos cobijados por el otro lado de la dualidad lumínica. “Blood, the sign and condition for this animal’s life (and not for every living being), is also the very element of this originary rejection, its opening or passageway” (Derrida, On touching 55) El alma es el sentido pues ella es el mensaje entregado por Dios a la vida; los ángeles, mensajeros, no tienen cuerpo, son solo el propio mensaje. La sangre es la suciedad de existir y debe mostrarse para recrear la in-mundicia. El culto a la sangre es el rechazo a mancharse por ella, es recordar que estamos manchados por ella desde nuestra expulsión a este mundo sucio, nuestro nacimiento, como escoria divina.



II.-

Los observadores de la muerte de la virgen, aquellos que fijan su mirada sobre el cuerpo de Psique, sedientos de sangre, son ellos los que hoy aún presencian esa misma muerte repetida infinitas veces en las pantallas. Así se entiende lo interesante que es ver lo que la televisión hace con los cuerpos. Los toma y los reparte, los copia y los distribuye. El cuerpo es carne que se despedaza, igual que ocurre con esos cuerpos dentro de un avión que se estrella contra el muro de concreto en que se transforma el océano cuando los objetos se precipitan sobre él. La televisión y un avión en este caso hacen lo mismo pero diferente: la televisión reparte el cuerpo mismo y hace copias iguales que se apropian de forma diferente en cada terminal; el avión toma el cuerpo y lo reparte sin virtualización, lo destroza y lo hace dejar de ser el mismo diferenciándolo entre sus partes, sus pedazos. “Porque no hay totalidad del cuerpo, no hay unidad sintética” (Nancy, 58 indicios... 27).

La televisión entrega virtualizaciones de un cuerpo inaccesible, un cuerpo extraterreno que fascina al fanático en su encarnación, en esa redundancia que se hace tan molesta en los programas de farándula, cuando el cuerpo se encarna en el cuerpo, su imagen se junta con su extensión corpórea y se transforma en una persona cualquiera, que se droga, choca, pelea, pero extrañamente nunca aparece muerta. En la extrañeza de ese cuerpo virtualizado está la obsesión por hacer negar la vida real en la concreción de su mundanidad: se virtualiza la vida cotidiana para hacerla digna de televisión, para hacer que cada pedazo de existencia de ese personaje farandulero sea separado del mundo. A Lady Di la mataron los paparazzi, a Camiroaga el mito construido sobre la falta de registro virtual de su vida real. De ahí la desesperación por encontrar su cuerpo, aunque sea en pedazos, para anular esa misma existencia física en pos de una metafísica que lo haga eternamente presente.




Ilustración 3





La muerte de Felipe Camiroaga marca un cruce entre el radical término de una imagen virtual y una masificación del texto digital en defensa de esa imagen. Los observadores, a la espera de cerrar el cajón, con la presencia de las redes sociales y la posibilidad de comentar en los portales de noticias, reproducen su discurso como una infinidad de clavos y de palas con tierra que puedan de una vez por todas hacer desaparecer el cuerpo para apropiarse únicamente de la imagen anímica que pueda perdurar indefinidamente. “La muerte no podrá quitar el amor de Felipe por los animales, la naturaleza, por la gente, su país”, consigna un comentario en el blog de El Mercurio(Bontempi). Existe una generalizada resistencia en estas opiniones de entes anónimos a aceptar el término de la existencia virtual de Camiroaga, en cuanto contiene su alma digitalizada. Hay algo que debe quedar vivo de él, en este caso su amor. Eros sigue siendo testigo de la muerte, del sueño de Psique. Pero esta psique virtual, esta alma del siglo XXI puede mantenerse en la presencia de las redes sociales: mantiene su existencia, como por ejemplo, en el perfil de Facebook como canal directo en el que pueden por siempre dejársele mensajes al difunto.




Ilustración 4





Eros, el amor, tal como en el mito, logra despertar a Psique y llevarla a la inmortalidad del Olimpo. Un amor, que según un gran número de comentarios, hemos recibido por partes iguales todos y cada uno de los chilenos de parte del conductor televisivo recientemente fallecido. En seguida la exclusión. La opinión pública digital construye un círculo de protección a la imagen del difunto: en primer lugar, si no sientes pena o te conmueves simplemente no eres chileno. Y no solo eso, se destierra de la posibilidad de sentir siquiera amor a quienquiera que no haya percibido todo el entregado por Felipe: “Tú eres de aquellas personas que no resisten criticar a los demás, que no resisten sacar la rabia y el desacuerdo, que no tienen palabras de amor siquiera en estos momentos. Hazte ver, sin ánimo de ser sarcástica” , le dice una comentarista a una desubicada que se atrevió a escribir que ella no se consideraba una más de las llamadas “viudas de Camiroaga” (Bontempi).

Fascismo de los sentimientos, fascismo de los cultos, de los ritos, de los duelos. La cuasi canonización popular que se entrega a los muertos que han sido rostros televisivos responde a una necesidad de mantener en constante actualización su materialidad corpórea. No me extrañaría que el espíritu de Camiroaga ya haya empezado a conceder milagros. Su sacralización ya es efectiva, como lo mostraron en diversos medios los orgullosos chilenos a los lectores argentinos, enfatizando, como si fuera una justicia divina, el hecho de que hayan muerto 11 personas en un accidente ferroviario en Bs. Aires el día después de que sale al aire en la TV argentina una nota humorística sobre la muerte del conductor chileno.

Otros usuarios, en medios noticiosos tal vez un poco más críticos como El Ciudadano, advierten la politización de la muerte en contextos democráticos como una forma de control (Becerra). Una clase de biopolítica no demasiado profunda podrá asegurar este análisis. El evidente aprovechamiento mediático para elidir la crisis social que el país está viviendo pareció tan útil en aquellos momentos al Gobierno que incluso varios lectores se aventuran a especular teorías conspirativas. Lo peor de todo es que ni siquiera parecen tan imposibles. Sin embargo, lo más impresionante del fenómeno cultural del duelo y su expresión mediática a través de Internet, es que efectivamente la muerte de un personaje televisivo pueda desviar totalmente la atención de una crisis social como la que no se veía hace décadas. Y para eso el cuerpo de Camiroaga hubo de ser repartido en todos esos hogares como un sacramento, virtualmente; luego, materialmente.

¿Qué hace la televisión con los cuerpos? Los construye, los distribuye, los hace presentes y hace que entren en contacto con los televidentes. Hace que se toquen, se abracen, se duelan. Los pésames entregados a través de las redes sociales a las 21 familias son en realidad un saludo hacia sí mismos, porque si el matinal entrega familias a domicilio cómo podría el televidente no considerar que la muerte les es propia, que no han perdido a alguien cercano. Así puede entenderse cómo la gente desesperada en los medios más conservadores comenta con rabia el egoísmo de la familia –la de la vida real– de hacer el funeral de Camiroaga en forma privada. “Felipe llegó a donde llegó GRACIAS A LA AUDIENCIA. iiiGRACIAS A SUS COMPATRIOTAS!!! La familia, ANTIPATICA, DESPOTA Y PEDANTE, por cierto, NO es quien debió tomar esa decisión”, exponen en El Mercurio (Bontempi). Y es que, finalmente, la muerte de Camiroaga se percibe tan dolorosa porque fue su primera muerte, ningún medio quiso curiosamente exponer su vida privada para que fuera dominada y sacrificada por el público. Y es así como Camiroaga pudo ser construido y explicarse a sí mismo como mito –amante de los animales, del pueblo, del campo, de Chile. Camiroaga se emplaza en la virtualidad televisiva como una amalgama de rasgos sospechosamente bien elegidos para ser el mejor sustituto familiar posible. Un cuerpo virtual al que no le correspondió nunca encarnarse en un cuerpo real, al menos, hasta que encontraron sus restos.

Se requerirá un análisis mucho mayor para estudiar esta separación de cuerpo y alma en equiparación a vida real y vida virtual. Pero es la muerte la que finalmente marca el punto de inflexión en ambos casos. La muerte como umbral, como singularidad. Pero la muerte no se ve, no se siente, no se conoce. “Psyche ist ausgedehnt, weiß nicht davon”(qtd. in Nancy, Corpus 20) es una de las últimas notas que se pudieron encontrar de Freud sobre una psique que no sabe que esextensa, una psique que no sesabe extensa. Un alma que no es otra cosa que su extensión, su ser expuesto y explosionado, su cuerpo.Un cuerpo que ya no la encarna, sino que es su mismo ser cuerpo.Pero no sabe de ello pues al ser cuerpo, al ser límite, al ser extensa, el pensamiento la ha dejado. “La extensión en general no es para ser sabida: es para mover [mouvoir], para e-mocionar [é-mouvoir]”. (Nancy, 58 indicios... 51) Psique está sumida en una profunda suspensión, psique está extendida, es extensa, es cuerpo desfalleciente sobre el ataúd a la sombra del nogal. Pero ella está dormida eternamente, renovadamente dormida y no sabe nada de esto, Derrida dirá: “she lacks the sense of herself, which amounts to saying that the sense is what she lacks” (On touching 16). Se mantiene al margen, al límite de la existencia, en la somnolencia ininterrumpible que no le permite pensar, ni saber, ni tener miedo a la muerte. Psique no conoce a la Muerte.

No hay algo que pudiera llamarse “la muerte”–lo que hay son cuerpos muertos. La muerte como ausencia es pura presencia, solo existe en la carnación de los cuerpos que la reproducen en la pluralidad de sus singularidades. No hay “la muerte” y, por lo tanto, el umbral se fractaliza en su límite, siempre rozando, ni antes ni después. Nunca dentro, pero jamás totalmente fuera. La muerte rodea y expulsa a los cuerpos; es lo que transforma a todo en su borde siempre exterior. He aquí el culto a la muerte, a la sangre, a encontrar el cuerpo a toda costa. Para la tradición, la separación de alma y cuerpo depende de la muerte. Pero si la muerte misma no existe no hay otra cosa que hacer que asumir que alma y cuerpo son inseparables –si es que no pudiera decirse mejor que se reducen a su relación. Y entonces Psique extendida en su ataúd no es más que la imagen de la espera, de los ritos mortuorios que la filosofía, a través de los siglos, se ha encargado de perpetuar en la humanidad; la espera de que Psique despierte y se eleve al Olimpo y deje su cuerpo, los restos, a la podredumbre del mundo. Pero eso nunca sucederá porque Pisque es extensa aunque –y porque– no sabe nada de ello. La muerte como liberación del alma se traduce solo en el alma deviniendo muerte, exponiéndose como extensión corpórea. Y ahí está que la fascinación por la muerte de Camiroaga no es más que una evidencia de cómo los ritos mortuorios de Occidente siguen vigentes.

Sin embargo, las redes sociales lentamente, de alguna u otra forma, van revirtiendo la desmaterialización del cuerpo. Se intuye un cambio en la forma en que las personas adquieren su propia virtualización, capaz de tocar directamente el cuerpo virtual de los ídolos televisivos antes, probablemente, inalcanzables. Mi propuesta se encamina hacia la proposición de que la imagen virtual, a través de los nuevos medios de comunicación, se comporta más como una psique extensa, que recorre el cuerpo virtual en miras a exponerse al límite que permite el (con)tacto entre los distintos cuerpos/almas materialmente virtuales. Poco a poco, elimina del uso contemporáneo de las redes sociales la separación entre alma y cuerpo como equivalente al binomio virtual-real. Y aquí se muestra desnudo el cuerpo que es recorrido o más bien, tocado por la muerte. El alma en los medios actuales sobrevive al cuerpo como cuerpo, vive en la muerte de hacerse cuerpo, habiéndolo siempre sido. O, por el contrario, podría decirse que el alma muere en la muerte del cuerpo, pues su virtualización es a la vez su materialización. Discusión que quedará abierta para otra ocasión, pero que nos permite aseverar la siguiente conclusión: Psique se hace extensa y se extiende en su ataúd al ser su muerte lo que da nacimiento a su presencia.

Bibliografía

Becerra R, Mauricio. “El apoyo de Felipe Camiroaga a los estudiantes chilenos”. El Ciudadano 5 Sept. 2011. Web. 1 Nov. 2011.

Bontempi Fernández, Paola. “La muerte no puede quitar lo que el amor ha puesto en su sitio.” Blogs El Mercurio14 Sept. 2011. Web. 1 Nov. 2011.

Derrida, Jacques. “La palabra soplada.” La escritura y la diferencia. Barcelona: Anthropos, 1989. Print.

---. On touching - Jeac-Luc Nancy. Stanford, California: Stanford University Press, 2005. Print.

Nancy, Jean-Luc. 58 indicios sobre el cuerpo. Extensión del alma. Buenos Aires: La Cabra, 2010. Print

---. Corpus. Madrid: Arena Libros, 2003. Print.

---. El sentido del mundo. La Marca: Buenos Aires, 2003. Print.

---. The birth to presence. Stanford, California: Stanford University Press, 1993. Print.

Nietzsche, Friedrich. La voluntad de poder. Buenos Aires: Poseidón, 1947. Print.

Índice de ilustraciones

Ilustración 1: Van Dyck, Anthonis. Amor Und Psyche. c1639. Royal Collection, London. Wikimedia Commons. Web. 1 Nov. 2011.

Ilustración 2: Caravaggio, Michelangelo Merisi da. Morte della Vergine.c1605. Musée du Louvre, Paris. Wikimedia Commons. Web. 1 Nov. 2011.

Ilustración 3: “Murió Felipe Camiroaga y equipo de TVN.” 24 Horas. TVN, 5 Sept. 2011. Television.

Ilustración 4: “Hasta siempre Felipe Camiroaga.” Facebook. Web. 1 Nov. 2011.

Revista Virtual Interdisciplinaria El Árbol. ISSN: Rev.árbol 0718-7343 / PortadaBlogRevista El Arbol en FacebookContacto

Diseño Gráfico & Programación Web: EstudioDigital. / email: web.estudiodigital@gmail.com

Todo el material contenido en Revista El Árbolestá publicado bajo Licencia Creative Commons 3.0(Atribución; No comercial; Sin derivadas), excepto en los casos en que se indique otra información.