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Úrsula San Cristóbal

"Cuando lo real no es lo que era..."(1)

Reflexiones en torno a los conceptos de realidad y simulacro

Presentación a la quinta edición de la revista

 

Con frecuencia constatamos que la realidad en que crecieron nuestros abuelos fue radicalmente distinta a la nuestra. Atribuimos esa diferencia a los sistemas de pensamiento, a los mecanismos de producción y a los medios de comunicación presentes en cada época, y centramos nuestras reflexiones en la comparación de uno y otro. Sin embargo, en este ejercicio de comparaciones hay una pregunta que queda pendiente: ¿Qué ocurrió con el concepto mismo de realidad? ¿Es que acaso hemos olvidado que lo real también puede ser objeto de reflexión? En el momento en que la realidad deja de concebirse como objetiva, se relativiza todo nuestro sistema de definiciones, y la distinción entre lo verdadero y lo falso se hace cada vez más compleja: Si antes la realidad era consideraba una condición irrefutable, clara y distinta respecto a lo imaginario, ahora apenas podemos distinguirla de las ficciones hiperrealistas.
Los artículos incluidos en esta 5.ª edición proponen distintas miradas sobre el vínculo entre el sujeto y su realidad a través de las artes visuales y la música. De ahí surge la necesidad de proponer unas cuantas nociones que estimulen la curiosidad del lector respecto a un tema poco abordado en nuestro medio. El propósito de este ensayo introductorio es ofrecer una aproximación preliminar a las nociones de realidad y simulacro a partir de los planteamientos de Jean Baudrillard, analizando la presencia de ambos en nuestra experiencia cotidiana y adelantando algunas proyecciones para su estudio(2). Comenzaremos nuestro cometido situándonos en el contexto del pensamiento postmoderno, una de las instancias que modifica sustancialmente nuestra manera de concebir lo real.

La realidad en el tránsito al pensamiento posmoderno

El pensamiento postmoderno condujo a una profunda transformación en los mecanismos simbólicos de representación de lo real, dejando abierta la invitación a replantear el concepto mismo de realidad. Ya no es posible concebir la realidad como una constante unívoca ni menos objetiva. Incluso podríamos decretar su fin y las causas podrían ser las mismas que permitieron a Fukuyama y Danto proclamar, respectivamente, el fin de la historia y el fin del arte: La desintegración de los regímenes sociales, los sistemas ideológicos y los mecanismos semióticos que sustentaban las nociones totalizadoras propias del paradigma de la modernidad(3).
Es importante insistir que este “fin” no supone la desaparición total de la historia, del arte o de la realidad. Lo que ocurre es que estos tres elementos dejan de ser lo que habían sido, y esto debido a un cambio de paradigma, el cual viene a favorecer la diversificación de los relatos. En este nuevo orden no existe una sola manera de hacer arte ni de relatar la historia, y en consecuencia, tampoco hay una sola manera de relatar la realidad: En los tres casos existen miles de versiones posibles, y como veremos, hay quienes han sacado partido de esta condición.

Efectos de la mediatización: Superando lo real

A diferencia de los relatos históricos y de las manifestaciones artísticas, “las mil caras” de la realidad se han convertido actualmente en el fetiche predilecto de los medios de comunicación. Diariamente nuestra percepción es atiborrada de realidades que generalmente son presentadas en su vertiente más oscura y descarnada: informaciones sobre cataclismos, crímenes y toda clase de actos demenciales ocurridos en cualquier lugar del mundo, nos invaden por todas partes y en ocasiones sin nuestro consentimiento(4). Somos inducidos a consumir altas dosis de este tipo de realidad, con el propósito de “hacernos conscientes” de lo que pasa en nuestro entorno.
En ocasiones, la realidad suministrada por los medios puede resultarnos familiar, y solo entonces caemos en cuenta de lo poco que se asemeja a nuestra experiencia de la misma. De alguna manera, los hechos mediatizados se nos presentan como si fueran más reales de lo que son en nuestra vida cotidiana: Las situaciones aparecen distorsionadas en su contenido y presentación, con todos los elementos amplificados para exacerbar su carácter realista. No se trata solo de una exageración mediática, sino más bien de una escenificación de la realidad como si fuese un auténtico espectáculo.
En este punto, ya no podemos decir que presenciamos una visión más de la realidad entre las muchas posibles, sino que estamos ante una substitución de lo real por lo híper real: un simulacro. En un momento histórico en que nuestra cotidianeidad aparece invadida de simulacros, ya no es posible plantear los límites de la realidad amparándonos solo en nuestra percepción.

La noción de simulacro de Baudrillard

A fines de la década del 70, el filósofo francés Jean Baudrillard (1929-2007) desarrolló el concepto de simulación, el cual se convertiría en una de las ideas centrales de su pensamiento. Es interesante señalar que para Baudrillard, el término simulación no es el mero fruto de una elaboración conceptual, sino más bien una herramienta nacida desde y para el análisis crítico del contexto cultural de una época marcada por la revolución de las comunicaciones. Revisemos brevemente los rasgos más generales de este concepto.
La simulación puede entenderse como una estrategia de manipulación que opera a diferentes niveles (religioso, político, social, etc.) y que suplanta “lo real por los signos de lo real”(5). Más aún, el simulacro desafía los límites de lo verdadero al poner en tela de juicio la existencia de una causa objetiva para los hechos.  
Por otra parte, el simulacro implica una exaltación de lo real a tal punto, que deja de hacer referencia a lo existente, convirtiéndose así en una hiperrealidad: “La simulación no corresponde a un territorio, a una referencia, a una sustancia, sino que es la generación por los modelos de algo real sin origen ni realidad: lo hiperreal”(6).  Para ilustrar lo hiperreal, Baudrillard cita frecuentemente la pornografía: el sexo se caracteriza como un gesto frontal de realidad, mientras que el porno, es un redoblamiento de esa realidad (es más sexual que el sexo), es decir, un hiperreal que suplanta al sexo.(7)
Los simulacros suelen tener una función encubridora, en otras palabras, los simulacros disimulan. Siguiendo a Baudrillard podemos decir que quien simula, ostenta actitudes que originalmente no posee, mientras que aquel que disimula, oculta actitudes que le son propias(8).  Ilustremos esta cualidad mediante un ejemplo ficticio: La realidad política del país X está marcada por la presencia de facciones antagónicas en constate pugna. Para diluir esta polaridad, el gobierno de turno decide adoptar como premisa básica de su política interna, la noción de consenso, desplegando todo un aparato mediático para su difusión. El objeto es simular un clima de armonía social, que permita en lo sucesivo, disimular las fragmentaciones internas que afectan al país, silenciando la crítica y anulando las posibilidades de diálogo(9).
Como podemos apreciar, la noción de simulacro de Baudrillard permite denunciar aquellas manipulaciones mediáticas hiperreales que obnubilan la capacidad crítica de los individuos. A la luz de estas propuestas, retomemos nuestro ejemplo del inicio: Cuando la vorágine de información mediática pretende hacernos “conscientes” de una hiperrealidad altamente dramática, está reduciendo toda nuestra capacidad de empatizar con el otro al sentimiento de compasión. No fomenta una actitud activa y propositiva en el espectador, por el contrario, lo induce a un estado de emocionalidad vacía que lo confina a la pasividad. Conciencia del otro = compasión. Ésta parece ser la ecuación que funda el simulacro hiperreal que nos acecha por doquier, y cuyo resultado es la desintegración de quienes son forzados a protagonizar estos simulacros: los compadecemos como personajes, pero los olvidamos como individuos.

Palabras finales

En este breve ensayo he intentado aportar una primera aproximación a dos conceptos que pueden resultar operativos en el análisis de fenómenos contingentes. Ambos requieren un desarrollo más específico: La noción de simulacro de Baudrillard merece una aplicación crítica que permita expandir su potencial, mientras que el concepto de realidad debiera ser analizado a la luz de su desarrollo histórico. Por su parte, la relación entre simulacro y realidad –en la medida que involucra múltiples interpretaciones de un mismo fenómeno– podría ser  abordada desde las teorías de interpretación del texto narrativo(10).
Finalmente, es preciso mencionar que problematizar las nociones de realidad y simulacro, fomenta el desarrollo de una conciencia reflexiva arraigada en la contingencia, lo cual a su vez, favorece la proyección del pensamiento teórico de raigambre filosófica más allá de las fronteras de la especulación abstracta.
 Espero que esta visión preliminar desate tantas interrogantes como reflexiones.

 

(1) BAUDRILLARD, Jean. Cultura y simulacro. Barcelona: Kairós, 1978. p15

(2) Cabe destacar que este no es el lugar para elaborar una teoría crítica, ni para trazar una trayectoria histórica de los conceptos de realidad y simulacro. Por lo tanto, quedan fuera de este ensayo las perspectivas filosóficas desarrollada por autores como Descartes,  Wittgestein y Lacan.

(3) Ver DANTO, Arthur. Después del fin del arte: el arte contemporáneo y el linde de la historia. Barcelona: Paidós,1999 y FUKUYAMA, Francis.  El fin de la historia y el último hombre. Buenos Aires: Planeta, 1992.

(4) Prueba de esto es la instalación desmedida de monitores de tv en los lugares públicos, como las salas de espera, las estaciones y vagones del metro.

(5) BAUDRILLARD. Op. Cit. p.7.

(6) BAUDRILLARD.  Op. Cit. p.5.

(7) Para una versión exhaustiva de este tópico ver BAUDRILLARD, Jean: De la seducción.  Madrid: Ediciones Cátedra, 1981.

(8)BAUDRILLARD Op. Cit. p.8.

(9) Una interesante reflexión acerca de la noción de consenso puede encontrarse en la siguiente columna de Leonora López

(10) Véase ECO, Umberto. Los límites de la interpretación. Barcelona: Lumen, 1992.

 

 

Bibliografía

  1. BAUDRILLARD, Jean. Cultura y simulacro. Barcelona: Kairós, 1978.
  2. BAUDRILLARD, Jean. De la seducción.  Madrid: Ediciones Cátedra, 1981.
  3. DANTO, Arthur. Después del fin del arte: el arte contemporáneo y el linde de la historia. Barcelona: Paidós, 1999.
  4. FUKUYAMA, Francis. El fin de la historia y el último hombre. Buenos Aires: Planeta, 1992.

 

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