CCo

Todo el material contenido en Revista El Árbol está publicado bajo Licencia Creative Commons 3.0 (Atribución; No comercial; Sin derivadas), excepto en los casos en que se indique otra información.

Creative Commons License

 

Editorial Segunda Edición.

Por Gabriel Castillo Fadic

La ciudad es una obra colectiva. Es incluso, en parte, una obra de comunidad, o de comunidades, donde la suerte de una forma absoluta se decide en la adición de formas parciales, a veces continuas, pero muchas veces –en Santiago, las más-, discontinuas, incoherentes. Quienes habitan la ciudad participan en la cualidad y en el devenir de sus formas, pero lo hacen desde capacidades y potencias disímiles: quien se esmera en el cultivo de su jardín, o en el diseño de su casa tiene, sobre la totalidad de la ciudad, una responsabilidad periférica frente al poder de transformación de las regulaciones municipales o, más aún, sobre los grupos financieros a los que éstas terminan por adaptarse en el ámbito del mercado y la especulación inmobiliaria.

Aún así, la identificación de los poderes que determinan de manera relevante la evolución metropolitana no es suficiente para precisar cuáles son los factores de imaginario, la sensibilidad y la expectativa ante el espacio habitado, que explican en último término las intervenciones concretas que destruyen y construyen permanentemente el tejido urbano. ¿Qué lugar se teme? ¿Dónde y en que tipo de edificación se está a salvo? ¿Qué ciudad se desea, como un modelo, como una meta secreta pero difusa que la ciudad presente debe alcanzar?

En la cosmovisión mapuche, por ejemplo, la tetrapartición cardinal posee una carácter ético. Bueno, malo, menos bueno, menos malo. Pero aún en la aproximación personal existe, en cada quien, una jerarquización valórica del espacio fasto y del espacio nefasto, vinculado a la experiencia y a las asociaciones pregnantes, que determinan la elección del horizonte, los puntos de panorama, el emplazamiento de la habitación, pero también los trayectos cotidianos, cuando se va a la plaza, o al café; cuando se elige cómo y por dónde volver a casa. ¿Qué lleva, por ejemplo, al habitante de una ciudad, a sentir que la vegetación salvaje debe ceder a la poda, o al pavimento, que el espacio público debe estar abierto o, por el contrario, estar poblado profusamente de elementos?

¿Qué edad se supone adecuada para la ciudad cuando se la juzga demasiado antigua o, por el contrario, demasiado moderna? Por otra parte ¿es posible establecer algunos de aquellos elementos de imaginario para identificar lo que distingue a una ciudad de otra? ¿Habría una coherencia de imaginario incluso en aquellas ciudades que resultan morfológicamente incoherentes: la dispersión, lo monstruoso como una forma negativa de la coherencia?

Santiago, por ejemplo, me parece una ciudad particularmente reactiva a sus fantasmas de occidentalidad, fantasmas que intervienen como un mecanismo inmunológico, represivo, sobre la evolución de su espacio, anulando simbólicamente la percepción de un centro. Este “excentramiento simbólico” puede ser externo y se manifiesta horizontalmente en líneas de fuga que proyectan nuevos centros inestables “más allá” de cada centro precedente, o verticalmente en una ciudad aérea y en otra subterránea, pero también puede ser interno y se manifiesta en prolongaciones figuradas del excentramiento externo, como mecanismo de inversión (lo alto que se troca en bajo, el drenaje de lo que antes era acuoso, lo marginal que se vuelve centro), de superposición (las fachadas de yeso sobre los frontis de adobe, las construcciones ligeras en las azoteas de los edificios de hormigón), de demolición y de contaminación.

No hay gran ciudad que no haya conocido momentos de transición, de modificación. Pero, ¿qué ocurre cuando una misma generación experimenta a tal punto la inestabilidad del espacio, que conoce dos, o tres ciudades distintas en el lapso de sesenta años (por ejemplo, Santiago en 1930, en 1960, en 1990)? ¿Cómo puede compensarse esa experiencia intensiva de intemperie si no es suprimiendo la memoria de la ciudad precedente y la representación general de la ciudad actual?

 

Gabriel Castillo Fadic, Julio 2008.

 

permalink: http://www.elarbol.cl/002/a=01.html

Regresar a listado de ediciones anteriores

 

Revista Virtual Interdisciplinaria El Árbol. ISSN: Rev.árbol 0718-7343 / Portada - BLOG - Facebook Group - Contacto

Diseño Gráfico & Programación Web: EstudioDigital. / email: web.estudiodigital@gmail.com

CCo

Todo el material contenido en Revista El Árbol está publicado bajo Licencia Creative Commons 3.0 (Atribución; No comercial; Sin derivadas), excepto en los casos en que se indique otra información.
Creative Commons License